¿Por qué cambiamos nuestra forma de hablar dependiendo de con quién estamos?

Sep 1, 2026

Probablemente no hablas igual con tu madre que con tu mejor amigo. Tampoco utilizas exactamente las mismas palabras en una reunión de trabajo que cuando mandas un audio de WhatsApp a tu pareja. Incluso tu tono de voz, tu pronunciación o la velocidad con la que hablas pueden cambiar sin que seas plenamente consciente de ello. Esto no significa que tengamos distintas personalidades dependiendo de quién esté delante, adaptar nuestra manera de hablar es un comportamiento lingüístico completamente normal y la sociolingüística lleva décadas estudiándolo.

Elegimos palabras, construcciones y formas de pronunciación diferentes según nuestro interlocutor, la situación, la relación que mantenemos con esa persona y lo que queremos conseguir con la conversación. Conceptos como el registro lingüístico, la acomodación comunicativa y el code-switching ayudan a explicar por qué ocurre.

No hablamos igual en una entrevista de trabajo que con un amigo

Uno de los conceptos más importantes para entender estas diferencias es el registro. Los hablantes disponemos de distintos recursos lingüísticos y seleccionamos unos u otros dependiendo de la situación comunicativa. Imaginemos que necesitamos pedir algo. A un amigo podríamos decirle: «Pásame eso un segundo». En un contexto profesional quizá optemos por «¿Podrías enviarme el documento cuando tengas un momento?».

La intención básica puede ser exactamente la misma, pero el grado de formalidad cambia. El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española recoge precisamente entre los significados de registro el «modo de expresarse que se adopta en función de las circunstancias». Factores como la confianza entre los interlocutores, el contexto o el propósito de la conversación influyen en esa elección.

Por eso una misma persona puede utilizar expresiones coloquiales, bromas y palabras malsonantes durante una cena con amigos y, unas horas antes, haber empleado un vocabulario mucho más formal en una reunión sin que exista ninguna contradicción.

También imitamos parcialmente a las personas que tenemos delante

Pero ocurre algo todavía más curioso. No solo adaptamos nuestra forma de hablar a la situación, también podemos hacerlo a la persona concreta con la que estamos conversando.

El psicólogo social y lingüista Howard Giles comenzó a estudiar este fenómeno en la década de 1970. Sus investigaciones dieron origen a la conocida actualmente como Teoría de la Acomodación Comunicativa (Communication Accommodation Theory).

Una revisión publicada por Giles, America L. Edwards y Joseph B. Walther en la revista científica Language Sciences en 2023 explica que esta teoría intenta comprender cuándo, cómo y por qué las personas realizan ajustes en su manera de comunicarse durante las interacciones sociales.

Esos cambios pueden afectar a aspectos muy diferentes: vocabulario, pronunciación, velocidad del habla, pausas, tono o determinados rasgos comunicativos. Y muchas veces ocurren sin que nos demos cuenta.

Cuando terminamos hablando de forma más parecida

Uno de los fenómenos centrales de esta teoría es la convergencia. Se produce cuando ajustamos determinadas características de nuestra comunicación para acercarnos a la manera de expresarse de nuestro interlocutor. Puede ocurrir, por ejemplo, que después de pasar mucho tiempo con un determinado grupo de amigos terminemos utilizando algunas de sus expresiones. También podemos reducir la velocidad al hablar con alguien que se expresa lentamente o adoptar determinadas palabras habituales de nuestra pareja.

La Teoría de la Acomodación Comunicativa relaciona estos ajustes con las dinámicas sociales que aparecen durante una conversación. Una amplia revisión de Jordan Soliz y Howard Giles, basada en 149 investigaciones sobre esta teoría, explica que la acomodación ayuda a comprender los ajustes que realizamos para crear, mantener o reducir la distancia social con otras personas.

Pero también puede suceder justo lo contrario. La denominada divergencia consiste en mantener o incluso acentuar determinadas diferencias lingüísticas. Una persona puede conservar deliberadamente su acento regional, por ejemplo, porque constituye una parte importante de su identidad.

Nuestra manera de hablar, por tanto, no solo comunica información. También comunica quiénes somos y con quién queremos identificarnos.

¿Por qué acabamos hablando como nuestra pareja?

Este mecanismo ayuda a explicar una situación bastante habitual: dos personas que llevan años juntas y terminan compartiendo palabras, expresiones, bromas internas e incluso determinadas entonaciones.

No significa necesariamente que uno esté copiando conscientemente al otro. La interacción frecuente favorece la aparición de ajustes comunicativos y, además, las parejas y los grupos crean un repertorio lingüístico compartido.

Algo parecido ocurre en las familias. Palabras inventadas, diminutivos, frases que nacieron de una anécdota o expresiones que fuera de casa nadie entendería pueden convertirse en parte habitual de la comunicación familiar.

El lenguaje funciona entonces como una señal de pertenencia. Entender determinadas expresiones demuestra, de alguna manera, que formamos parte del grupo.

¿Y qué es exactamente el «code-switching»?

Hay otro fenómeno que suele relacionarse con estos cambios: el code-switching o cambio de código. En sentido lingüístico, el término se utiliza especialmente para describir la alternancia entre dos o más lenguas o variedades lingüísticas dentro de una misma interacción. Así lo recoge, por ejemplo, The Oxford Handbook of Sociolinguistics al abordar el comportamiento de los hablantes bilingües.

Una persona bilingüe en español e inglés podría decir: «Luego te llamo porque ahora mismo I’m really busy». Otro hablante podría utilizar una lengua en casa y otra en el trabajo y cambiar entre ambas dependiendo de quién participe en la conversación.

Pero el cambio de código no debe interpretarse simplemente como una incapacidad para mantener una lengua. Los estudios sociolingüísticos muestran que puede cumplir numerosas funciones comunicativas: marcar pertenencia a un grupo, expresar identidad, adaptarse al interlocutor, introducir determinados conceptos o señalar cambios dentro de una conversación.

El lingüista Chad Nilep, en una revisión sobre code-switching publicada por la Universidad de Colorado Boulder, destaca precisamente su relación con el contexto de la interacción y con las distintas identidades sociales de los hablantes.

Entonces, ¿somos menos auténticos cuando cambiamos nuestra forma de hablar? En absoluto. Que utilicemos diferentes registros no significa necesariamente que estemos fingiendo. Nuestro repertorio lingüístico contiene múltiples posibilidades y elegimos entre ellas dependiendo del contexto. Del mismo modo que no nos vestimos igual para ir a una boda que para pasar una tarde en casa, tampoco necesitamos utilizar exactamente el mismo lenguaje en todas las situaciones.

De hecho, saber adaptar el registro puede considerarse una muestra de competencia comunicativa. Implica comprender qué tipo de lenguaje resulta adecuado para una determinada situación y cómo puede interpretarlo la persona que tenemos delante.

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